LA INVASIÓN DEL SUR
"La invasión del Sur", este era justamente el título editorial que se podía leer en un periódico de tirada nacional, no hace un año, ni dos, ni cinco, ni diez. Hace ya veinte años de esa editorial en referencia al flujo migratorio de los países del sur hacia el norte. La editorial venía a indicar según prestigiosos sociólogos de entonces, de la migración sin precedentes que iba a acontecer hacia los países de la Europa occidental. El paso del tiempo les ha dado la razón y por ejemplo en España se ha llegado recientemente a los 45 millones de habitantes, de los cuales cinco millones serían extranjeros. En dicha cantidad habría que incluir los miles de alemanes, británicos o italianos por ejemplo cuyo traslado a España no ha sido precisamente -al menos en la mayoría de los casos- su precaria situación en sus respectivos países de origen.
En un territorio amplio y relativamente poco poblado como sería la España peninsular en relación a otros países europeos como Italia, Alemania, Gran Bretaña, Holanda... El impacto de los nuevos inmigrantes puede ser menos acusado que en Canarias, un territorio insular y fragmentado, densamente poblado en líneas generales. Sin embargo también hay diferencias muy importantes entre islas, por ejemplo Gran Canaria tiene una densidad de 524 habitantes/km2, mientras que por su parte en Fuerteventura serían 56 habitantes por km2. Precisamente esta isla ha sido la que más ha crecido proporcionalmente en los últimos años, y se prevee que su crecimiento sea continuado en los próximos años.
Por razones obvias de fragmentación territorial, una inmigración descontrolada se convertiría sin lugar a dudas en un grave problema en las islas. De hecho, "los centros de retención" de los inmigrantes ilegales ya se encuentran abarrotados, al igual que los centros de menores -enviados en muchos casos hacia la Península-.
Canarias no puede acoger a todos los que ansían llegar a sus costas -ya sea como en los casos más espectaculares de pateras y cayucos-, como los que llegan por aeropuertos y puertos. Y en un estudio más profundo, realmente habría que pensar que la mayoría de esos inmigrantes no desearían salir de sus respectivos países, sino fuera por la precaria situación que se vive en muchos de ellos.
Por ello que acogerlos supondría solamente "un parche" hacia la verdadera problemática en sus países de origen, donde se suceden en muchos casos guerras civiles, conflictos armados de toda índole, corrupción gubernamental... Y en fin, millares de causas más que llevan a dichos países a estancarse en su desarrollo creando grandes bolsas de miseria en su seno.
De nada servirá "blindar" las fronteras si tal como apuntan los expertos no se invierte en desarrollo y formación en dichos países, para de esta forma poder cooperar en su crecimiento y lograr que dichos países alcancen un nivel próspero de vida. Actualmente las divisas que los inmigrantes envían a sus familiares en sus respectivos países, suponen una de las mayores partidas de ingresos para dichos estados. Sin embargo, habría que ir más allá y verificar que dichas divisas estén siendo realmente productivas en el desarrollo de estos países. Para ello también sería importante que la democracia se hiciera fuerte en dichos países y que sus gobernantes no fueran esclavos de la corrupción.
En resumen, que esta "invasión del sur" como titulaba la editorial vaticinado por influyentes sociólogos de hace dos décadas, presenta una problemática de raíz profunda que requiere principalmente de una mayor inversión de los países del "primer mundo", hacia los países en vías de desarrollo, pero sobretodo en formación y capital humano. No en vano, la memoria histórica nos indica que los españoles también fueron emigrantes, y que en concreto los canarios emigraron décadas atrás en gran cuantía a países como Cuba y Venezuela principalmente. Ahora la situación se ha revertido y sólo cabría desear que pasado el tiempo, esos países ahora de emigrantes, lleguen a convertirse en países estables en los que sus ciudadanos no tuvieran que emigrar en masa en busca de un mejor porvenir, que hoy por hoy no pueden vislumbrar en sus propios países de residencia.



